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Museo Nacional del Prado

Museo Nacional del Prado

1785-1808, Pº del Prado    

UTM: 441382.071,4474122.988
Juan de Villanueva, arquitecto
Antonio López Aguado, consolidación y adaptación para museo artístico: 1814-1831.
Narciso Pascual y Colomer, 1ª reforma y conclusión: 1847-1852
Francisco Jareño y Alarcón, 2ª reforma: 1879-1892

Fernando Arbós y Tremanti, 1ª ampliación: 1911 -1916
Pedro Muguruza Otaño , Escalera Norte: 1943-1946
Fernando Chueca Goitia , Manuel Lorente Junquera, 2ª ampliación: 1953 -1955
Rafael Moneo Vallés: 2001-2008


Edificio declarado Bien de Interés Cultural.
Catalogación Plan General de Madrid, Nivel 1- SINGULAR

Edificio realizado por el arquitecto Juan de Villanueva, originalmente para las ciencias, cuyo programa incluía un Gabinete de Historia Natural, la Academia de Ciencias Naturales y un gran salón de juntas para ésta, con la posibilidad de compartirlo con la de Bellas Artes de San Fernando. El solar elegido se situaba al Norte del recién fundado Real Jardín Botánico, entre la Iglesia y Monasterio de San Jerónimo y el Salón del Prado, para el que concibe un bloque de gran desarrollo lineal que embellece este Paseo. Nacía, por tanto, con vocación urbana, con pretensión de participar en la renovación de este espacio público, que por entonces se venía ejecutando, máxime porqué el edificio debía ser considerado pieza fundamental de ese gran conjunto, paradigma de la Ilustración, y adaptarse al uso para el que había sido destinado. En cualquier caso, el planteamiento conlleva  la diferencia de funciones que imponía el referido programa del edificio, así como la acusada pendiente del terreno en que se asienta, forzando la solución a ejecutar, no como uno solo programa sino como tres autónomos bajo una misma piel, en plantas superpuestas, con entradas diferentes en cada frente y circulaciones en fondo de saco. Así, por el Norte, y mediante una rampa curva, se accedía al Gabinete, que ocupaba todo el nivel principal y había sido proyectado como una galería-museo entre rotondas, mientras que por la Sur se entraba en el nivel inferior, donde se hallaban dispuestas las escuelas de Botánica y Química, a lo largo de un corredor central. Con el pórtico occidental hacia el Prado se comunicaba el Salón de Juntas, de doble altura y recorrido por una galería accesible desde el piso principal, el cual se organizaba según un eje ortogonal y central, que otorgaba al conjunto planta en T simétrica.

La Invasión Francesa en 1808 paralizó las obras, cuando ya se hallaban concluidos los tres frentes principales y gran parte de los espacios interiores, por lo que la conclusión del edificio la realizarían los sucesores de Juan de Villanueva, fallecido en 1811, pero respetando en gran medida su espíritu clásico. Acabada la Guerra, fue su discípulo López Aguado el encargado del saneamiento y consolidación del Museo, pues el abandono y ocupación lo había deteriorado enormemente, pero aún con un futuro indefinido. Finalmente, el 3 de marzo de 1818 los reyes Fernando VII y María Isabel de Braganza tomaban bajo su protección el edificio, con intención de convertirlo en Galería o Museo de las Nobles Artes, trasladando aquí muchas de las pinturas y esculturas que adornaban los Palacios Reales. Comienza entonces su transformación a un uso no muy diferente del previsto por Villanueva, con menores medios económicos, que obligaron a López Aguado a ejecutar arquitecturas fingidas. A partir de 1847, Pascual y Colomer se encarga de concluir el inacabado Salón absidial o de Juntas, construyendo una tribuna galería en el nivel principal, sostenida por columnas de fundición de orden corintio. Mayor trascendencia tendrían las actuaciones de Jareño y Alarcón desde 1879, creando una escalera en la fachada Norte, que en 1943 sería sustituida por la actual de Pedro Muguruza. A Arbós se debe la primera ampliación del Museo del Prado para aumentar la capacidad de exposición, creando dos pabellones paralelos a la gran galería, pero separados de ella por patios rectangulares, que desdoblaban la circulación y desordenaban la claridad del esquema de Villanueva, además de ocultar para siempre su frente oriental. Obligados por esta disposición, Chueca y Lorente abordarían la segunda ampliación, adosando otra crujía a la anterior, pero con longitud menor para liberar el ábside. En los años siguientes se fueron ocupando los patios y todos los espacios posibles del edificio, además de presentarse alternativas de aumento de un Museo que se mostraba insuficiente para acoger y adaptarse a las modernas necesidades. Tres años después se convocaba,  un concurso internacional de ideas para la ampliación, en el que debían incorporarse las ruinas del Claustro de los Jerónimos y la comunicación con el Casón y Salón de Reinos del Buen Retiro, resultando elegido  el proyecto de Rafael Moneo.

Tras sucesivas adaptaciones de la idea inicial se aprobó el proyecto definitivo de esta operación a la que se ha denominado el Prado del siglo XXI. Haciendo de la fachada de Velázquez o de poniente la principal, resuelve este proyecto el complejo programa  de una institución cultural de este tipo, hasta alcanzar una superficie de16.700 m2.